martes, 12 de abril de 2011

WAKE UP AND SMELL THE COFFEE

La Lluvia

Él derrama lluvia sobre la tierra
 
y envía agua sobre los campos.
 
Job 5:10

Hay días lluviosos, grises, de frío y niebla. En mi casa en el campo de Las Piedras, Puerto Rico, de vez en cuando en días lluviosos se forma una niebla espesa que no permite mucho la visibilidad. A mi me encanta ver los montes forrados de unas sábanas blancas de gas, de verdad ese espectáculo de la naturaleza es hermoso. Los días lluviosos son mis favoritos. No se si por mi personalidad, o por que son los días en los que tomo descanso y me los dedico a mi y a mi familia. Escuchar la lluvia caer es tan relajante…

Pero la lluvia, cuando es demasiado constante, cuando cae imparable sobre la tierra, provoca que el suelo se sature demasiado. Ahí vienen las inundaciones, los ríos salirse de su cause, los accidentes de tránsito, en fin un sinnúmero de cosas que puede causarnos tanto daño. En días lluviosos y de niebla la visibilidad no es buena, y cuando esto ocurre solemos escuchar por los medios noticiosos que no salgamos de nuestras casas si no es necesario, ya que estaríamos expuestos a cualquier peligro inminente y poder atentar contra nuestra seguridad y la de nuestros familiares.
 

En nuestra vida espiritual suele pasar lo mismo. La lluvia representa esos días que el Espíritu Santo trae refrigerio y convicción a nuestra vida de tener una renovación. Una urgencia de cambio viene de repente y cuando esto ocurre es la lluvia de su espíritu sobre nosotros, llevándonos a otra estación hermosa donde debemos dejarnos llevar por su presencia. Es nuestra tarea aprovechar estos días, y permitir que el Espíritu Santo nos llene nuevamente, nos restaure y nos cambie. Cuando oramos con mayor intensidad por una manifestación latente de su Gloria en nuestra vida, es hermoso, y muy parecido a mis días lluviosos en casa....

Pero cuando ignoramos esa lluvia, cuando no le damos la importancia requerida al espíritu, ahí comienza la inundación. Dejar de prestarle atención a la voz del Espíritu Santo en nosotros, es crear una congestión, un ataponamiento dentro de nuestro ser. Entramos en un proceso de desobediencia y obstinación mientras el Espíritu esta ahí, dejando caer su lluvia sobre nosotros. Tenemos que recordar que Dios nos ama, y siempre querrá lo mejor para sus hijos, pero a veces, sus hijos no estamos dispuestos a obedecer su voz. Dios siempre usará algún medio para advertirnos, que estamos entrando a una zona de riesgo donde estamos poniendo en juego nuestras bendiciones y nuestro caminar con El. Y mientras tanto sigue lloviendo y lloviendo....
 

Todos hemos pasado por días de lluvia, son bellos. Pero también todos hemos pasado por días, y hasta semanas, donde nuestras decisiones y rebelión nos han llevado a un callejón sin salida e inundado, donde no sabemos que hacer. Donde la niebla no nos deja ver claramente que sucederá con nosotros mañana. Todos hemos ignorado alguna vez la voz del espíritu y que caro lo hemos pagado.
 

Hoy Dios nos habla a todos. Los que estamos recibiendo una lluvia de su presencia para renovarnos y calmar nuestra sed, y también nos habla a aquellos que por malas decisiones en nuestro pasado, probablemente nos encontremos, atrapados en medio de una inundación, anhelando ser rescatados y socorridos para salvarnos. Para los que están en medio de la inundación Dios te dice que no tomes ninguna decisión, no te muevas, espera ser salvado por Jesús, El vendrá a tu rescate siempre y cuando lo dejes tomar el control de cualquier situación o circunstancia.
 

La lluvia ha venido con un propósito, siempre será una bendición verla caer, disfrutarla y hasta salir a mojarse en medio de ella. No podemos ignorar los avisos de seguridad, estar siempre velando que todo este en orden y recordando que probablemente mañana ya habrá parado de llover, que el terreno estará seco y que podremos volver a ver claramente.

Amo la lluvia, los días lluviosos y haré todo lo posible por evitar cualquier inundación...

¡Mira, el invierno se ha ido,
 
y con él han cesado y se han ido las lluvias!
 
Cantares 2:11

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